- Colombia empezó 2026 con lluvias atípicas y lo cierra bajo un fenómeno de El Niño. Entre un extremo y otro, la infraestructura que lleva agua, la drena y la almacena pasó a ser una discusión de seguridad urbana.
COLOMBIA (Octubre 31 de 2026) El año comenzó con lluvias atípicas provocadas por frentes fríos del hemisferio norte combinados con fenómenos climáticos del país. Menos de diez meses después, el IDEAM declaró oficialmente El Niño el 8 de octubre y estimó que sus efectos podrían extenderse hasta el cierre del primer semestre de 2027. La declaratoria no significa que deje de llover: las lluvias que aún se presenten pueden causar crecientes súbitas, inundaciones y deslizamientos. Las ciudades tienen que prepararse para la sequía y el aguacero al mismo tiempo.
En el marco del Día Mundial de las Ciudades, que se conmemora el 31 de octubre, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas para promover la urbanización sostenible y la cooperación internacional, es importante reflexionar sobre el rol de pensar en infraestructuras resilientes al cambio climático.
Un problema de redes más que de clima
Quienes diseñan y fabrican esa infraestructura ven el reto más en las redes que en el clima. Orbia eligió Colombia para instalar su primer centro tecnológico y de innovación en América Latina, que opera desde Bogotá a través de Pavco Wavin y se enfoca en problemas concretos de las ciudades de la región, desde el manejo de aguas lluvia hasta la modernización de redes urbanas. Su country manager en el país, Guillermo Martínez, ubica el origen del problema en tres frentes: el déficit de saneamiento básico, la gestión de inundaciones en ciudades densamente pobladas y unas redes de acueducto que no responden al crecimiento urbano.
Las cifras permiten dimensionar ese diagnóstico. El mundo gasta menos en adaptarse de lo que necesita. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), los países en desarrollo requerirán al menos $US 310 millones hacia 2035. El reporte indica que los flujos públicos internacionales fueron de $26.000 millones en 2023, de 12 a 14 veces menos.
“Este año Colombia ha pasado por lluvias atípicas, un terremoto y ahora un El Niño declarado. La brecha entre lo que se necesita y lo que se invierte en adaptación deja de ser una cifra internacional cuando cientos de municipios enfrentan riesgo de desabastecimiento. La discusión de fondo es cuánto se destina a prevenir y cuánto a reparar después”, afirma Guillermo Martínez, country manager de Pavco Wavin para Colombia.

Retos en el país
El DNP estima, según un análisis citado por Asobancaria, que no actuar frente a fenómenos como El Niño podría costarle al país entre 0,6 % y 0,7 % del PIB. El agua es uno de los frentes más expuestos, y más del 67 % de la electricidad depende de hidroeléctricas. La UNGRD advirtió que 558 municipios tienen riesgo alto o muy alto de desabastecimiento durante El Niño.
Asocapitales encontró que 14 de las 32 capitales ya tuvieron desabastecimiento en temporadas secas y que 207 cabeceras municipales presentan algún nivel de riesgo.
Parte del problema está en las redes. Según un análisis publicado por Portafolio, en Bogotá el índice de agua no contabilizada es de 34,5 %. Con la demanda de 16,9 metros cúbicos por segundo, una estimación aproximada indica que se pierden unos 5,8 metros cúbicos por segundo, alrededor de 184 millones de metros cúbicos al año, una cifra comparable con los 293 millones de metros cúbicos que suman los embalses de Chuza y San Rafael.
Cuando falla lo básico
El terremoto del 10 de agosto no fue un evento climático, pero dejó una medida de lo que cuesta un desastre y planteó la misma pregunta sobre cuánto resiste y cuánto tarda en recuperarse la infraestructura esencial. La evaluación rápida del PNUD y la UNGRD estimó daños físicos directos por $42,1 billones, cerca de 2,3 % del PIB, de los cuales $37,4 billones corresponden a viviendas. Las primeras estimaciones eran menores: Anif calculó cerca de $30 billones, con $24,5 billones en edificaciones y $5,5 billones en infraestructura física. Esa diferencia muestra que el costo real se va revelando con las semanas.
El balance oficial a finales de agosto registró 331 muertos y efectos en 494 municipios de 16 departamentos. Entre la infraestructura dañada se contaron 203 vías, 20 puentes vehiculares y 44 acueductos. Cuando un acueducto sale de servicio, el costo se mide en salud pública antes que en pesos.
Las respuestas existen y se pueden agrupar por el problema que atacan:
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Perder menos agua. Renovar tuberías sin abrir zanjas reduce tiempos de obra y afectaciones en la ciudad.
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Guardar agua y frenar el aguacero. Los tanques modulares enterrados almacenan agua y regulan la escorrentía. En un proyecto de edificación en Colombia, se cumplió la exigencia de verter máximo 27 l/s frente a una escorrentía de 295 l/s, y el tanque se instaló en dos semanas.
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Hacer que el verde trabaje. Árboles con espacio para sus raíces, techos verdes y drenaje sostenible alivian el calor y la red de alcantarillado.
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Estabilizar el suelo. Los geosistemas controlan la erosión en laderas y taludes.
Preparar es mantener
La lección de este año es que la resiliencia no se improvisa cuando llega el evento. Asocapitales le dio a las ciudades 132 días, hasta noviembre, para acelerar su preparación ante El Niño. Esa ventana se cierra pronto. Lo que cambia el resultado es el trabajo menos visible: reducir fugas, mantener las redes, planificar el drenaje y dar al verde un lugar en el diseño urbano.
Sobre PAVCO WAVIN
PAVCO WAVIN es una compañía con más de 60 años de experiencia en soluciones para la conducción de agua potable, alcantarillado, manejo de aguas lluvia, tecnologías para rehabilitación de tuberías y proyectos de infraestructura sostenible con geosintéticos. Con centros de distribución en las principales ciudades del país y plantas de producción en Bogotá y Guachené.
Fuente: Central de Noticias AndeanWire
