COLOMBIA, Julio 16 de 2026. Colombia enfrenta en 2026 uno de los mayores retos en materia de seguridad energética para su suministro de gas natural, debido a una marcada caída en la producción nacional que se ubica en sus niveles más bajos en 13 años. Recientes registros muestran una extracción cercana a 1.129 millones de pies cúbicos diarios, cifras que han obligado al país a depender cada vez más del gas importado para abastecer la demanda de hogares, comercios e industrias, que ahora representa entre el 30% y el 33% del consumo total.
La reducción en la producción local responde a la madurez de los principales campos productores y a la desaceleración en la incorporación de reservas, pues entre 2018 y 2025 las reservas probadas disminuyeron 54,6%, situándose en 1.717 gigapies cúbicos, equivalente a aproximadamente 5,9 años de consumo bajo las condiciones actuales, según datos de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH).
Esta situación ha obligado a fortalecer las importaciones a través de la terminal de regasificación SPEC en Cartagena, inicialmente diseñada para atender contingencias excepcionales y que hoy funciona como un componente permanente del abastecimiento energético colombiano. Durante los picos de presión en el sistema, especialmente durante episodios de El Niño que reducen el nivel de los embalses y aumentan la generación térmica, las plantas termoeléctricas dependen en gran medida del gas importado que ingresa por la Costa Caribe.
Principales proyectos para recuperar la producción local
Frente al déficit, el gobierno y privados apuestan al desarrollo de nuevos yacimientos que permitan incrementar la oferta nacional en los próximos años. El mayor proyecto en ejecución es Sirius, antes conocido como Uchuva, que se ubica frente a las costas de La Guajira y está liderado por Petrobras y Ecopetrol. Este descubrimiento es el más importante en Colombia en más de 30 años, con estimaciones que superan los 6 billones de pies cúbicos y un potencial de abastecimiento para cerca de 20 años una vez que inicie producción comercial, proyectada para 2029.
El desarrollo de Sirius conlleva desafíos técnicos significativos, dado que requiere infraestructura en aguas profundas y la construcción de gasoductos submarinos que conecten con el Sistema Nacional de Transporte, además de superar múltiples consultas previas con comunidades étnicas. Paralelamente, el complejo Gorgon, a cargo de Chevron y Ecopetrol en aguas ultraprofundas del Caribe, continúa en fase de evaluación para determinar el potencial comercial de nuevas acumulaciones de gas.
En tierra firme, campos del Piedemonte Llanero, como Cusiana y Cupiagua en Casanare, siguen siendo claves para la producción nacional. Allí se estudian nuevas perforaciones para aprovechar reservas remanentes utilizando infraestructura existente. En la cuenca Sinú-San Jacinto y el Valle Inferior del Magdalena, empresas como Canacol Energy mantienen operaciones con proyectos como Clarin, Pandereta y Arrecife, aunque movimientos operativos de otras compañías han generado fluctuaciones en la producción.
Desarrollo de infraestructura y ampliación de importaciones
Mientras se espera que los proyectos de producción incrementen la oferta en el mediano plazo, Colombia tiende a fortalecer la infraestructura para transporte e importación de gas natural licuado (GNL). Entre las iniciativas prioritarias está la expansión de la terminal SPEC en Cartagena, que busca aumentar su capacidad de regasificación de alrededor de 400 millones a más de 450 millones de pies cúbicos diarios, para asegurar el suministro especialmente en períodos de sequía prolongada.
Otro proyecto estratégico es la planta de regasificación del Pacífico, planeada en Buenaventura, que pretende abastecer principalmente al Valle del Cauca y al Eje Cafetero. Esta iniciativa busca reducir la dependencia del gasoducto terrestre que atraviesa la Cordillera Central. No obstante, ha enfrentado dificultades para avanzar debido a licitaciones desiertas, causadas principalmente por requisitos elevados de garantías de inversión.
Además, se trabaja en la adecuación del gasoducto Barranquilla-Ballena para permitir operaciones bidireccionales, lo que facilitará el transporte del gas importado o proveniente de nuevos campos hacia los principales mercados internos. Complementariamente, la ampliación de la interconexión entre los operadores TGI y Promigas es parte del Plan de Abastecimiento de Gas con el fin de eliminar restricciones que limitan el flujo entre regiones productoras y mercados de alta demanda.
El incremento en las importaciones, si bien esencial para la seguridad energética, eleva los costos del gas natural en Colombia. El gas licuado importado puede costar entre dos y tres veces más que el producido localmente, un impacto que ya se refleja en industrias con alto consumo energético como la alimentaria, agroindustrial y minera. Esta realidad se mantendrá hasta que nuevos proyectos de exploración, producción, transporte y regasificación consoliden una oferta más equilibrada y competitiva.
En suma, la estrategia colombiana para enfrentar el déficit de gas natural combina avances en desarrollo de grandes proyectos costa afuera y terrestres con la necesaria expansión de la infraestructura de transporte y regasificación, en un contexto que exige equilibrio para garantizar la seguridad energética y contener los efectos en costos para la economía.
Redacción BusinessCol
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