COLOMBIA, Octubre 23 de 2026. El déficit fiscal en Colombia está generando un doble efecto económico que afectará a los consumidores y al mercado financiero, advirtió Leonardo Villar, gerente general del Banco de la República, durante su intervención en el Congreso Colombiano de la Construcción organizado por Camacol en Cartagena. Villar explicó que el costo de los créditos de vivienda en el país ya no depende exclusivamente de la tasa de interés fijada por el Banco de la República, sino que ha cobrado mayor importancia la tasa que paga el Gobierno cuando se endeuda a través de la emisión de TES (títulos de deuda pública).
El gerente del Emisor reconoció que las tasas altas representan una dificultad para el sector constructor, especialmente en la financiación de vivienda, y que afectan el crecimiento del sector. Sin embargo, aclaró que sus posturas personales no expresan necesariamente la posición unánime de la junta directiva del banco central. Destacó la necesidad de que las tasas puedan bajar en una forma sostenible para mejorar la financiación de largo plazo.
Impacto del déficit fiscal en las tasas de crédito para vivienda
Villar resaltó que las tasas que importan para los compradores de vivienda son las de largo plazo, que superan los 10 años, mientras que la tasa de intervención del Banco de la República opera a muy corto plazo. En este sentido, el Gobierno, al emitir TES a largo plazo para financiar su déficit fiscal, compite con el mercado hipotecario por los recursos de largo plazo.
Con un déficit fiscal creciente, los rendimientos que debe pagar el Gobierno por esos títulos se han incrementado notablemente, mucho más que la tasa de política monetaria. Esto implica que la tasa de interés que enfrentan las familias que quieren comprar vivienda se relaciona más con la dinámica de los TES que con la tasa de intervención del Emisor, evidenciado por estudios internos del banco central.
A esta presión se suman las expectativas inflacionarias: si el mercado anticipa aumentos en la inflación, los inversionistas exigirán tasas más altas para prestar dinero a largo plazo, encareciendo aún más los créditos hipotecarios. Villar enfatizó que la credibilidad en la meta de inflación del 3 % es clave para lograr tasas de interés más bajas en el futuro.
Fortalecimiento del peso y retos para la competitividad
Un fenómeno paradójico que destacó Villar fue la apreciación del peso colombiano, pese a un déficit fiscal elevado y una economía con ciertos cuestionamientos en términos de confianza. La explicación radica en el modo como se ha financiado el déficit: mediante la colocación de bonos en el exterior y TES en pesos adquiridos por inversionistas extranjeros, lo que genera una entrada de dólares que fortalece la moneda nacional.
Esta entrada de recursos se ve impulsada también por el carry trade, dado que las altas tasas de interés en Colombia atraen capitales que desean aprovechar el diferencial. Sin embargo, este flujo de capitales tiene un costo: el margen de riesgo soberano del país ha subido considerablemente frente a economías como Uruguay, Perú y México, y supera incluso al de Brasil. Esto implica un mayor costo para el Gobierno y para la economía.
El fortalecimiento del peso, combinado con una demanda interna alta y con limitaciones en la capacidad productiva, ha derivado en un aumento de las importaciones, que crecieron en torno al 18 % en los primeros ocho meses de 2026. Como resultado, el déficit de la balanza comercial de bienes alcanzará su nivel más alto de la historia, superando en cerca de un 30 % el máximo registrado en 2021, lo que reduce la competitividad de sectores exportadores o que compiten con importaciones.
Déficit fiscal elevado y salario mínimo impactan en la inflación
Villar expresó preocupación por la situación de las finanzas públicas y su impacto en la inflación. Indicó que el déficit primario —que no incluye el pago de intereses— se ha elevado a cerca de 3,5 puntos del PIB en 2025 y 2026, frente a un nivel casi nulo en 2023. Para 2027, el presupuesto aprobado inicialmente propiciaría un déficit del 9,4 % del PIB, aunque se esperan ajustes que lo bajarían a alrededor del 7,2 %, una cifra similar a la del peor año de la pandemia.
Además, mencionó que el aumento del salario mínimo fue del 23 % para 2026, significativamente por encima de la inflación y la meta establecida, lo que, sumado a la reducción de horas laborales establecida por ley, incrementó los costos laborales por hora en cerca del 28 %. Esta situación afectó la credibilidad en la política de inflación y revirtió la senda de reducción inflacionaria que atravesaba la economía.
En respuesta, el Banco de la República aplicó una política de endurecimiento monetario, aumentando la tasa de interés en 275 puntos básicos hasta alcanzar el 12 % y posteriormente un nuevo incremento de 25 puntos básicos. Villar admitió que estas medidas encarecen la financiación de la vivienda, pero son necesarias para retomar la meta de inflación del 3 %.
Finalmente, sostuvo que la política monetaria es una herramienta potente con efectos mixtos: puede frenar el crecimiento cuando se utiliza para controlar la inflación, pero es indispensable para mantener la estabilidad económica a largo plazo.
Redacción BusinessCol
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